“Si para el juez no fue una ejecución, no sé lo que es”



Por Nadia Fink y Luka Morello (*)

Los familiares de Diego Núñez, asesinado por la policía hace un año, organizaron dos jornadas de denuncia y solidaridad con otros casos similares.



El 19 de abril, al cumplirse un año del asesinato de Diego Núñez por parte del policía Pablo Carmona, los familiares y organizaciones sociales realizaron actividades durante dos días para exigir justicia. Estuvieron presentes los compañeros de Mariano Ferreyra, familiares de Miguel Bru y de Darío Santillán, entre otros.

El viernes desde las 9 se dirigieron a Tribunales para presentar una carta en la que se pide que se separe al juez Rodolfo Crecerri de la causa en el Juzgado Nacional en lo Criminal Nº 40 por haber dejado libre al acusado por falta de pruebas (absolución que lograron frenar vecinos y familiares). El mismo día a las 18 realizaron un mural en la casa de Diego en el barrio de La Boca, mientras otro grupo se dirigía a los Tribunales de Comodoro Py para solidarizarse con los familiares de Mariano Ferreyra en el momento de la sentencia contra sus asesinos.

El sábado a partir de las 18 fue el turno de un gran festival en la subida del puente en La Boca. Desde el escenario la música se mezclaba con los testimonios de familiares y amigos de Diego Núñez, pero también con otras voces que llegaron para acompañar el pedido de justicia. Lo que ya se hace una costumbre cada vez más notoria: el respaldo de familiares y amigos de víctimas de la represión estatal, del abuso policial, de la discriminación por parte de la justicia. Ahí donde el Estado no está para escuchar, ahí donde la justicia no está para ponerse del lado de los más débiles, ahí donde el gatillo fácil se cubre fácilmente por la impunidad de una institución corrupta, están las manos de otros, los oídos, el hombro donde apoyarse, y también la conciencia de que cuanto más sean en la lucha, cuanto más vayan compartiendo las experiencias de los que ya pasaron por la misma situación, cuanto más apoyo organizativo y judicial puedan brindarse, más se van a fortalecer para conseguir que sea cada vez más difícil mirar para otro lado.

Diego Núñez había salido a festejar sus 19 años con algunos amigos el 19 de abril de 2012. Alrededor de la una de la madrugada caminaban por la zona de Caballito. Alguno habrá hecho la propuesta, otro habrá desafiado a los demás, y en ese marco de juego y niñez todavía cercana entraron en el palier de un edificio. La inseguridad acecha: los pibes de gorrita entraban a un edificio y un policía tenía impunidad para atacar. La inseguridad mata: a los pibes de gorrita nadie les pregunta antes de tirarles. El policía Pablo Alberto Carmona no les dio tiempo a reaccionar, atacó a los tiros; los chicos rompieron el vidrio y salieron corriendo asustados. Diego no pudo salir y todas las balas fueron para él, cinco en total.

Omar Núñez es el papá de Diego. Tiene unos cincuenta años y permanece en silla de ruedas por un problema medular. Igual no se queda quieto y no descansa hasta que no vea llegar a la justicia. Él nos cuenta sobre la decisión del juez de liberar al acusado Carmona: "En la causa hay un escrito de Gendarmería que decía que un chico había muerto de cinco disparos, todos mortales, y uno le había destrozado el aparato genital. Carmona, el asesino, dijo que el pibe había caminado, que se había 'parapetado', y cualquier tipo que jugó al fútbol sabe que una simple patada en los testículos te invalida la posibilidad de caminar. Además de los tres disparos mortales, en el abdomen, en el tórax y en la zona genital, recibió dos disparos en la cabeza, incluso uno en la mollera. Y yo me pregunto, si para el juez esto no es ejecución entonces qué es".

Respecto de la lucha que lleva la familia y el acompañamiento de otros familiares, cuenta: "A pesar del eslabón importante que falta en la familia permanecemos unidos y el trabajo lo seguimos haciendo porque para reivindicar lo que fue Diego necesitamos justicia, y se está haciendo largo. El acompañamiento de organizaciones es muy importante pero todavía falta. Hay más de 210 desaparecidos en democracia, hay 3.000 personas muertas por gatillo fácil, violencia institucional, trata y hay casos que son mucho más visibles, que hicieron ruido en la sociedad y en la prensa y que todavía no se resolvieron. Tenemos que romper con todas estas situaciones de abuso y de impunidad o de lo contrario no vamos a poder transitar nunca una democracia igualitaria. Después de tantos años de democracia a este gobierno ya no se le pueden perdonar las desapariciones porque conocen y saben bien lo que está pasando, con un gobierno que lleva la administración del Estado como se le antoja y nos reprime y mata a los jóvenes mientras habla de un mundo mejor para ellos... si no hacemos algo parece una utopía muy lejana un poder donde nuestro jóvenes sean protagonistas y tengamos un mundo mejor".

Rosa Bru, madre de Miguel Bru (desaparecido en 1993 en la ciudad de La Plata luego de denunciar abuso policial), estaba presente también. La Asociación Miguel Bru, de la que es miembro, además lleva adelante la causa de Diego. Rosa nos cuenta la importancia de estar en el festival "acompañando a la familia, porque quien lo vivó sabe lo que significa que el hijo no vuelva... Lo importante de quienes están es el compromiso y nosotros también tuvimos mucha solidaridad que nos sorprendió. Cuando empezás a encontrarte ves cuántos somos, y cuesta, pero a pesar del miedo acá estamos para unirnos, para acompañar. Nunca es fácil llevar adelante una causa cuando hay un policía de por medio, lo sabemos en carne propia, pero acá estamos con la ONG trabajando en eso a pulmón y con compromiso, con mis hijos y los amigos de Miguel. Siento que igual tendríamos que ser muchos familiares más".

La música sonaba fuerte, las voces de los familiares también: los de Kiki Lezcano, Leo Santillán (el hermano de Darío) y los compañeros de Mariano Ferreyra, quienes hablaron de la sentencia y de cómo seguirá la causa después del fallo.

Fue el turno de Clelia sobre el escenario. La voz se le corta, hace poco tiempo tuvo que aprender a pararse delante de la gente, hablar fuerte, pedir que la escuchen. Es la hermana de Luz Gómez, quien junto a su pareja Diego Romero están acusados desde el 21 de diciembre de 2011 por un delito que no cometieron. Su único crimen fue olvidar una mochila con documentación arriba de un remís, cuyo conductor era cómplice del asesinato de un colectivero. Clelia alza el tono: “la causa lleva más de un año y las más de siete páginas de cada interrogatorio muestra interrogantes: ¿Por qué no los detuvieron el mismo día del hecho? La viuda declaró que la mujer que entró a su casa es de tez blanca y pelo castaño claro, y no coincide con la descripción de mi hermana. Tardaron más de un año en cotejar los rastros de sangre y por otro lado el análisis de ADN que le hicieron a Diego dio negativo. Queremos justicia. No sabemos mucho de esto pero venimos a apoyar y a que nos orienten porque ya pasaron por lo que estamos pasando”.

Si la justicia no llega, si va lenta, si se llena de olor a podrido, ahí están los familiares para seguir exigiendo la verdad, para devolverle la dignidad a sus muertos, esa que les quiere robar la prensa oficial llenándolos de adjetivos despectivos, esa que les quiere robar la ley cuando no los protege, esa que les quiere robar el aparato represivo del Estado cuando los mata y protege a sus asesinos. Así de a poco se organizan, se apoyan y se sostienen, y saben que cada vez son más.

(*) Nota publicada originalmente en el sitio Marcha: http://www.marcha.org.ar/1/index.php/nacionales/96-ddhh/3416-si-para-el-juez-no-fue-una-ejecucion-no-se-lo-que-es

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